Andrés de Montereale, Beato
Vino a la luz de este mundo en
la pequeña localidad de Mascioni, provincia de L’Aquila (Italia), en
el seno de una modesta familia de campesinos. Aunque desconocemos
la fecha exacta de su nacimiento, es muy probable que
tuviera lugar dentro del primer decenio del siglo. Se dice
que a los catorce años entró en el vecino convento
de los agustinos de Montereale. Ciertamente en 1431 figura como
estudiante de teología en Rimini, y en los años sucesivos
en Padua y Ferrara, logrando los grados de lector y
bachiller. En 1438 explicó en el studio et universitate Senensi
los libros de las Sentencias, y pocos años después obtuvo
el título de maestro en sagrada teología.
A sus
obligaciones docentes o de gobierno – en 1453 fue elegido
provincial de Umbría - se vio obligado a añadir otras
delicadas actividades, pues en consideración a su dinamismo, a la
valía de su persona y a la reconocida rectitud, en
varias ocasiones los Padres generales de la Orden lo nombraron
su vicario con el específico encargo de restablecer la observancia
en los conventos de Nursia (1452), Amatrice (1468) y Cerreto
di Spoleto (1475).
Desde el principio, el desempeño de
esta misión de reformador le ocasionó no pocos sufrimientos e
incomprensiones. En 1459, siendo prior y regente del estudio de
Siena renunció a ambos oficios, muy probablemente por causa de
los cargos contra su persona y modo de proceder que
algunos religiosos hicieron llegar a Roma. No se conoce el
resultado de la investigación llevada a término, pero sí ha
llegado a nosotros el juicio del P. General Ambrosio Massari
de Cori, por aquel entonces presidente del estudio de Perugia,
quien no dudó en afirmar que Andrés, “soportando injusticias y
mostrando siempre gran paciencia, maximum ostendit exemplum sanctitatis”. Los hechos
posteriores confirman tal elogio, ya que en 1471 fue reelegido
provincial, y nunca disminuyó la estima y la confianza de
los superiores mayores de la Orden, que continuaron sirviéndose de
él para promover la observancia regular.
Los últimos años
del Beato transcurrieron serenos en el convento de Montereale, donde
murió en abril de 1479, y donde aún hoy, en
la iglesia en otros tiempos de la Orden, se veneran
sus restos mortales.
Entre las festividades locales vinculadas a su memoria
destaca la celebrada el 13 de septiembre, día en que,
según la tradición, en 1691 habría alzado desde la tumba
su brazo derecho para salvar la ciudad de un terremoto.
Su culto fue aprobado por Clemente XIII el 11
de mayo de 1764.




