Santoral · Biografía de santos 19 Mayo del 2012
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Benito de Aniane, Santo

Benito de Aniane, Santo

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Benito de Aniane, SantoMonjeMartirologio Romano: En el monasterio de San Cornelio de Indam,
en Germania, tránsito de san Benito, abad de Aniano (o
de Aniane), que propagó la Regla benedictina, confeccionó un Consuetudinario
para uso de monjes y trabajó con empeño en la
instauración de la liturgia romana (821).

Etimología: Benito = Benedicto =
Aquel a que Dios bendice, es de origen latino.


Benito fue hijo de Aigulfo de Maguelone; servía de
escanciador al rey Pepino y a su hijo Carlomagno. A
la edad de veinte años resolvió buscar el Reino de
Dios con todo su corazón. Tomó parte en la campaña
de Lombardía, pero, después de haberse casi ahogado en Tesino,
cerca de Pavía, tratando de salvar a su hermano, hizo
voto de abandonar el mundo por completo. A su vuelta
a Languedoc, confirmó su determinación por consejo de un ermitaño
llamado Widmar, y fue a la abadía de Saint-Seine, a
veinticuatro kilómetros de Dijon, donde lo admitieron como monje. Pasó
allí dos años y medio aprendiendo la vida monástica y
llegó al dominio de sí mismo por medio de severas
austeridades. No satisfecho con guardar la regla de San Benito,
practicaba otros puntos de perfección que encontró prescritos en las
reglas de San Pacomio y San Basilio. Cuando el abad
murió, los hermanos estaban dispuestos a elegirlo para que lo
substituyera, pero no quiso aceptar el cargo, porque sabía que
había monjes que se oponían a todo lo que fuera
reforma sistemática.

Con este motivo, Benito abandonó Saint-Seine
y, al regresar a Languedoc, construyó una pequeña ermita junto
al arroyo Aniane, en sus propias tierras. Aquí vivió algunos
años en privación voluntaria, orando continuamente a Dios para que
le enseñara a hacer su voluntad. Algunos ermitaños, de los
cuales uno era el santo Widmar, se pusieron bajo su
dirección. Ganaban su sustento con el trabajo manual, vivían a
pan y agua, excepto los domingos y grandes fiestas, cuando
añadían un poco de vino o leche, si se los
daban de limosna. El superior trabajaba con ellos en los
campos y algunas veces se dedicaba a copiar libros. Cuando
el número de sus discípulos aumentó, Benito dejó el valle
y construyó un monasterio en un sitio más espacioso. Amaba
tanto la pobreza, que por mucho tiempo utilizó cálices de
madera o vidrio o peltre para celebrar la misa, y
si le daban ornamentos valiosos de seda, los obsequiaba a
otras iglesias. Sin embargo, posteriormente, cambió su modo de pensar
sobre este punto, y construyó un claustro y una majestuosa
iglesia adornada con pilares de mármol, y la dotó de
cálices de plata, ricos ornamentos; además compró libros para la
biblioteca. En breve tuvo muchos religiosos bajo su dirección. Al
mismo tiempo, llevaba al cabo la inspección general de todos
los monasterios de Provenza, Languedoc y Gascuña, y llegó a
ser, con el tiempo, el director y supervisor de todos
los monasterios del imperio; reformó a muchos con tan buen
tino, que no encontró gran oposición. El que principalmente recibió
su influencia fue el monasterio de Gellone, fundado por San
Guillermo de Aquitania en 804.

Para tenerlo a
la mano, el emperador Luis el Piadoso obligó a Benito
primero a habitar en la abadía de Maurmünster, en Alsacia,
y después, como todavía quería tenerlo más cerca, construyó un
monasterio en el Inde, conocido más tarde como Cornelimünster, a
unos 11 kilómetros de Aquisgrán, residencia del emperador y su
corte. Benito vivió en el monasterio, pero continuó ayudando a
la restauración de la observancia monástica por toda Francia y
Alemania. A él se debe principalmente, la redacción de los
cánones para la reforma de los monjes del concilio de
Aquisgrán en 817. En ese mismo año presidió la asamblea
de abades para poner en vigor el restablecimiento de la
disciplina. Su estatutos, los Capitula de Aquisgrán, fueron añadidos a
la regla de San Benito e impuestos a todos los
monjes del imperio. Benito también escribió el "Codex Regularum" (Código
de Reglas), una colección de todas las reglas monásticas existentes
en su tiempo; compiló asimismo un libro de homilías para
uso de los monjes, sacado de las obras de los
Padres de la Iglesia; pero su obra más importante fue
la "Concordia Regularum," la "Concordancia de Reglas," en la cual
compara las reglas de San Benito de Nursia con las
de otros patriarcas de la observancia monástica para mostrar su
semejanza.

Este gran restaurador del monasticismo en
el occidente, agotado por las mortificaciones y fatigas, sufrió mucho
de continuas enfermedades en sus últimos días. En 821 murió
tranquilamente, en Inde, a la edad de setenta y un
años. Grande como era la energía e influencia de San
Benito de Aniane, hay que admitir que su plan para
una revolución pacífica de la vida monástica no pudo ser
llevado al cabo como él había proyectado. De acuerdo con
Edmund Bishop, la idea que tenía Benito y su patrono,
el emperador Luis, era ésta:

Todas las
casas habían de reducirse a una uniformidad absoluta de disciplinas,
observancia, y aun hábito, de acuerdo con el modelo de
Inde; se nombrarían visitadores para que vigilaran la observancia de
la regla según las constituciones. El nuevo plan sería lanzado
en la asamblea de abades en Aquisgrán en 817. "Pero
planear es una cosa," el Sr. Bishop agrega, "y llevar
al cabo es otra. Es claro que en la asamblea
general de abades, Benito, respaldado como estaba por el emperador
para conservar la paz y poder llevar a cabo reformas
substanciales, tuvo que renunciar a muchos detalles de observancia que
él estimaba mucho. Parece que esto mismo afirma su biógrafo
y amigo Ardo, quien había observado todo personalmente. Sin embargo,
los decretos de esta asamblea, de la cual era Benito
al mismo tiempo autor, alma y vida fueron un punto
decisivo en la historia de los benedictinos, porque éstos formaron
la base de la legislación y práctica posterior. Después del
gran fundador, Benito de Nursia, ningún otro hombre ha influido
tanto en el monasticismo occidental como lo hizo el segundo
Benito, el de Aniane." ("Liturgia Histórica," 1918, pp. 212-213).


Pocos de los entendidos en esta materia tienen tanto
derecho para opinar sobre la historia monástica del siglo nueve,
como Edmud Bishop.

Estas palabras suyas forman un
tributo notable a la obra que el gran reformador monástico
llevó al cabo; pero, como ha señalado Dom David Knowles,
su influencia fue bastante diferente de la de Benito de
Nursia: "Benito de Aniane nunca fue un guía espiritual para
monjes."

¡ Felicidades a quienes lleven este nombre!

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