Santoral · Biografía de santos 19 Mayo del 2012
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David Okelo y Gildo Irwa, beatos

David Okelo y Gildo Irwa, beatos

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David Okelo y Gildo Irwa, beatosCatequistas y MártiresMartirologio Romano: En la aldea Paimol, cerca de
la misión de Kalongi, en Uganda, beatos David Okelo y
Gildo Irwa, catequistas y mártires, que habiéndose ofrecido espontáneamente para
anunciar el Evangelio al pueblo, fueron atravesados por lanzas, manifestando
así en el martirio la fuerza de Cristo (1918).Dos jóvenes catequistas ugandeses, David Okelo, de
entre 16 y 18 años, y Gildo Irwa, de entre
12 y 14, fueron martirizados a golpes de lanza y
cuchilladas en Palamuku, cerca de Paimol, aldea situada al norte
de Uganda, en la cuenca del alto Nilo. Era el
año 1918.

El ejemplo dado por estos dos jóvenes, unidos por
una profunda amistad y por el entusiasmo de enseñar la
religión cristiana a sus compatriotas, permanece como signo de coherencia
de vida cristiana, fidelidad a Cristo y compromiso en el
servicio misionero entre su pueblo.

La fecha de nacimiento de David
y Gildo no se conoce con exactitud. Fueron bautizados el
1 de junio de 1916 y confirmados el 15 de
octubre del mismo año. Pertenecían a la tribu Acholi, una
rama del gran grupo Lwo, cuyos miembros viven aún en
su mayor parte en el norte de Uganda, aunque también
están presentes en el sur de Sudán, Kenia, Tanzania y
Congo.

Los misioneros combonianos habían llegado en 1915 a la región
de Kitgum, donde comenzaron su labor evangelizadora con la ayuda
de algunos catequistas. Existían entonces muchas dificultades, algunas creadas por
la primera guerra mundial, otras por la peste, la viruela
y la situación de carestía. Para los brujos de la
zona la llegada de la nueva religión era la causa
de todas las desgracias. Por ello, surgieron movimientos anticristianos y
anticolonialistas (los Adwi y los Abas) promovidos por los brujos
y apoyados por los traficantes de marfil y de esclavos,
que veían en el cristianismo un obstáculo para sus negocios.
Además eran frecuentes las luchas tribales.

En este contexto de hostilidad
y desconfianza se sitúa el testimonio heroico de los dos
jóvenes catequistas, que no dudaron en trasladarse a Paimol para
cubrir el vacío dejado en la obra de evangelización por
la muerte de Antonio, el hermano de David. Cuando este
pidió al padre Cesare Gambaretto sustituir a su hermano, juntamente
con su amigo Gildo, el misionero intentó disuadirles, no sólo
por su juventud, sino también por el peligro que corrían
en aquella violenta zona. "¿Y si os matan?", preguntó entonces
el misionero. "¡Iremos al paraíso!", fue la respuesta inmediata. "Ya
está allí Antonio -añadió David-, no temo la muerte. ¿No
murió Jesús por nosotros?".

Llegaron a su destino en noviembre de
1917 y once meses más tarde fueron asesinados por odio
a la fe. Su martirio fue documentado por los habitantes
de Paimol y ocho testigos oculares, entre los que se
encontraba uno de los que les dieron muerte.

En Paimol, David
y Gildo se dedicaban sin descanso a su misión de
evangelización y ganaban su sustento trabajando duramente en los campos.
Un catequista que enseñaba en una aldea dejó este testimonio:
"Toda la gente del pueblo sin excepción les amaba
por el bien que hacían (...). Murieron en el cumplimiento
exacto de su enseñanza".

Al amanecer, David tocaba el tambor para
llamar a sus catecúmenos a las oraciones de la mañana.
Juntamente con Gildo, rezaba también el rosario. Enseñaba a los
catecúmenos a memorizar las oraciones y las preguntas y respuestas
del catecismo; durante las clases, para facilitarles el aprendizaje de
las verdades fundamentales, les hacía repetir los textos también con
la ayuda de cantos. Además, visitaba las aldeas vecinas, desde
donde acudían sus catecúmenos, que durante el día ayudaban a
sus padres en los campos o con el ganado. Cuando
se ponía el sol, David llamaba a la oración en
común y a rezar el rosario, concluyendo siempre con una
canción a la Virgen. Los domingos, celebraba un servicio de
oración, animado a menudo por la presencia de catecúmenos y
catequistas de la zona.

Se recuerda a David como un joven
de carácter pacífico y tímido, diligente en sus tareas como
catequista y querido por todos. Nunca se vio involucrado en
disputas tribales o políticas.
El padre Cesare Gambaretto, que había administrado
los sacramentos a los dos jóvenes mártires, describía a Gildo
como un joven de carácter dulce y alegre, muy inteligente.
"Era de gran ayuda para David, y reunía a los
niños para recibir la instrucción con su dulzura e insistencia
infantil (...).
Había recibido el bautismo recientemente, cuya gracia preservó en
su corazón y dejó traslucir con su comportamiento encantador".

Gildo estuvo
siempre disponible y fue ejemplar en sus tareas como catequista-asistente.
Espontáneamente, se mostró deseoso de ir con David a enseñar
la palabra de Dios a Paimol.
Murieron atravesados por las lanzas
de Okidi y Opio, dos Adwi (revolucionarios que se habían
alzado en armas contra los jefes impuestos por las autoridades
coloniales). Antes de matarles, los Adwi intentaron convencer a David
y a Gildo para que abandonaran la región y la
enseñanza del catecismo. Podrían haber salvado la vida, pero ellos
rechazaron la oferta.

A Gildo se le dio la oportunidad de
huir, pero él respondió: "Hemos trabajado en la misma
obra; si es necesario morir, tendremos que morir juntos". Cuando
les sacaron del pueblo para matarles, David lloraba. Fue entonces
consolado por el pequeño Gildo: "¿Por qué lloras? Mueres
sin motivo; no has hecho mal a nadie". Era poco
antes del amanecer del 19 de octubre de 1918.

Los cristianos
del lugar, acabada la furia homicida, no olvidaron a sus
heroicos catequistas. El lugar del martirio, Palamuku, fue llamado desde
entonces Wi-Polo ("En el cielo") para recordar el premio concedido
por Dios a los dos adolescentes.

Fueron beatificados el 20 de
octubre de 2002 por S.S. Juan Pablo II.

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