Santoral · Biografía de santos 19 Mayo del 2012
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Inés, Santa

Inés, Santa

I

Inés, SantaMártirMartirologio Romano: Memoria de santa Inés, virgen y mártir, que
siendo aún adolescente, ofreció en Roma el supremo testimonio de
la fe, consagrando con el martirio el título de la
castidad. Obtuvo victoria sobre su edad y sobre el tirano,
suscitó una gran admiración ante el pueblo y adquirió una
mayor gloria ante el Señor. Hoy se celebra el día
de su sepultura (s. III/IV).

Etimología: Inés = aquella que se
mantiene pura, es de origen griego.

Hay muy buenos documentos sobre
la existencia de esta mártir que vivió a comienzos del
siglo IV y que fue martirizada a los doce años,
durante la feroz persecución de Diocleciano.

Su popularidad y su
devoción hacen pensar que no son improbables las leyendas que
se nos han transmitido de boca en boca y también
con escritos. Basado en una tradición griega, el Papa Dámaso
habla del martirio de Santa Inés sobre una hoguera.
Pero
parece más cierto lo que afirma el poeta Prudencio y
toda la tradición latina, es decir, que la jovencita, después
de haber sido expuesta a la ignominia de un lugar
de mala fama por haberse negado a sacrificar a la
diosa Vesta, fue decapitada.

Así comenta el hecho San Ambrosio, al
que se le atribuye el himno en honor de Agnes
heatae virginis: “¿En un cuerpo tan pequeño había lugar para
más heridas? Las niñas de su edad no resisten la
mirada airada de sus padres, y las hace llorar el
piquete de una aguja: pero Inés ofrece todo su cuerpo
al golpe de la espada que el verdugo descarga sobre
ella”.

Alrededor de su imagen de pureza y de constancia en
la fe, la leyenda ha tejido un acontecimiento que tiene
el mismo origen de la historia de otras jóvenes mártires:
Agata, Lucia, Cecilia, que también encuentran lugar en el Canon
Romano de la Misa. Según la leyenda popular, fue el
mismo hijo del prefecto de Roma el que atentó contra
la pureza de Inés. Al ser rechazado, él la denunció
como cristiana, y el prefecto Sinfronio la hizo exponer en
una casa de mala vida por haberse negado a rendirle
culto a la diosa Vesta. Pero Inés salió prodigiosamente intacta
de esa difamante condena, porque el único hombre que se
atrevió a acercarse a ella cayó muerto a sus pies.

Pero
el prefecto no se rindió ante el prodigio y la
condenó a muerte. Un antiguo rito perpetúa el recuerdo de
este ejemplo heroico de pureza. En la mañana del 21
de enero se bendicen dos corderitos, que después ofrecen al
Papa para que con su lana sean tejidos los palios
destinados a los Arzobispos. La antiquísima ceremonia tiene lugar en
la iglesia de Santa Inés, construida por Constantina, hija de
Constantino, hacia el 345

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