Santoral · Biografía de santos 19 Mayo del 2012
Haz de Santoral y santos tu página de inicio Poner como página de inicio
Añade Santoral y santos a tus favoritos Anadir a favoritos
buscador temático Buscador temático

Josefina (Giuseppina) Nicoli, Beata

Josefina (Giuseppina) Nicoli, Beata

J

Josefina (Giuseppina) Nicoli, BeataConocida como Sor Sonrisa
digna Hija de la Caridad de San
Vicente de PaúlJosefina Nicoli nació en Casatisma (Pavía, Italia) el
18 de noviembre de 1863. Era la quinta de diez
hijos de una familia de clase media y de profunda
fe.

Cursó la escuela primaria con las religiosas agustinas, en
Voghera; y estudió magisterio en Pavía. Su deseo secreto, que
la impulsó a realizar estos estudios, era el de dedicarse
a la educación de niños pobres en un tiempo en
el que era muy alto el porcentaje de analfabetismo entre
la gente de menos recursos. Este deseo fue madurando, sobre
todo, a través de la experiencia del dolor, que visitó
su familia con la muerte de algunos de sus hijos,
entre ellos Juan, de quien Josefina se había convertido en
su servicial enfermera personal. En medio de estas situaciones dolorosas
aprendió a considerar el valor de la vida y la
fragilidad de las cosas humanas.

Josefina era querida por todos,
su carácter dulce era un don natural; y un sacerdote
de Voghera, don Giacomo Prinetti, su director espiritual, la guió
en el camino de la perfección del espíritu, mientras maduraba
la llamada a consagrar su vida a Dios.

El 24
de septiembre de 1883, a la edad de veinte años,
ingresó en la Compañía de las Hijas de la Caridad
de San Vicente de Paúl, en la casa "San Salvario"
de Turín, donde hizo el postulantado y el noviciado. Recibió
el hábito propio de la Compañía en París, en una
ceremonia que tuvo lugar en la Casa madre de las
Hijas de la Caridad.

En el año 1885 fue trasladada
a Cerdeña. Su primera misión, que acogió con gran entusiasmo,
fue la de enseñar en el "Conservatorio de la Providencia"
de Cágliari. La experiencia educativa entre niñas pobres la marcó
de forma especial. Durante este tiempo no se limitó a
mirar sólo lo que sucedía entre los muros del conservatorio,
sino que intensificó cada vez más su unión con el
Señor crucificado en medio de las vicisitudes cotidianas.

En el
año 1886, la ciudad de Cágliari fue azotada por la
epidemia del cólera, y sor Josefina, juntamente con sus hermanas
del conservatorio, se dedicó, en los momentos que le quedaban
libres después del horario escolar, a socorrer a las familias
pobres de la ciudad, organizando "cocinas económicas" que pusieron a
disposición de las autoridades civiles.

Este servicio le permitió salir
al encuentro de los muchachos abandonados por las calles de
Cágliari, enseñándoles el catecismo en los encuentros que programaba los
domingos. Más tarde organizó a los muchachos en una asociación
que llamó "Los Luisitos", estimulándolos a vivir en actitud de
ayuda fraterna y educándolos a una sana sociabilidad que, a
muchos de ellos, los condujo a cambiar de vida.

Después
de casi quince años de activa vida apostólica en Cágliari,
en el año 1889 fue trasladada al orfanato de Sássari.
También allí desarrolló un amplio proyecto apostólico, organizando diversas instituciones
orientadas siempre al servicio hacia los pobres.

Se preocupó por
la formación de escuelas de catequesis que cada domingo reunían
a cerca de 800 niños, y, sobre todo, dedicó muchas
de sus energías a dar vida a la "Escuela de
religión" para las jóvenes universitarias, con el fin de prepararlas
para ser buenas maestras en la fe, y así contrarrestar
la masonería que se difundía por Sássari y trataba de
debilitar la presencia de los católicos en la ciudad.

En
los proyectos de la divina Providencia, le espera un nuevo
destino: Turín (1910-1913). Por sus dotes organizativas la nombraron ecónoma
provincial, y un tiempo después pasó a ser directora de
la casa de formación de las Hijas de la Caridad,
misión a la que se dedicó con gran entrega. Se
enfermó gravemente de tuberculosis y fue trasladada a Cerdeña —con
gran dolor para el consejo provincial—, ya que el clima
de las islas era favorable para su salud.

De regreso
a Sássari, en el año 1914, reinaba un ambiente hostil
a causa del anticlericalismo. Su permanencia en las islas mejoró
el estado de su salud, pero comenzó su calvario interior.
Una serie de malentendidos y falsos testimonios por parte de
la administración del orfanato obligaron a los superiores a trasladarla
nuevamente. Sor Josefina estaba a completa disposición, aceptando en silencio
la humillación más grande que hubieran podido hacerle: la
declararon incapaz de administrar el orfanato. Ante esta situación se
repetía a sí misma: "Josefina, esto te viene muy
bien. Aprende a ser humilde". La Providencia la condujo en
la última etapa de su vida al Asilo de la
Marina, en Cágliari.

En su nuevo destino, se encontró en
medio de un barrio superpoblado, ubicado en las cercanías del
puerto, y donde la pobreza alcanzaba índices muy altos, haciendo
que las condiciones de vida fueran muy precarias. A los
niños, por ser pobres, se les negaba el derecho a
la educación, lo que favorecía los malos comportamientos.

En el
contacto directo con la pobreza material descubrió heridas aún más
secretas: las de la pobreza moral y espiritual. Su
celo apostólico la impulsó nuevamente a salir al encuentro de
los jóvenes, enseñándoles el catecismo, y orientando a quienes emigraban
de las zonas rurales a la ciudad. Fundó la primera
sección en Italia de la "Pequeña obra de Luisa de
Marillac". Formó también el primer grupo de la Acción Católica
femenina en Cágliari. Pero a quienes dedicó gran parte de
sus iniciativas apostólicas, como una bondadosa y paciente madre, fue
a los llamados "is piccioccus de crobi", "los muchachos de
la cesta". Era un grupo numeroso que vagaba por la
ciudad, sobre todo en las cercanías del mercado de la
ciudad, llevando consigo su instrumento de trabajo: una cesta;
y se ganaban su sustento llevando equipajes de la estación
al puerto.

La caridad fue la norma de su vida,
y en cada circunstancia hizo realidad su constante deseo de
entregarse al Señor, formulando, desde edad muy temprana, como un
firme propósito: "Deseo ser toda suya".

En el último
año de su vida, no obstante todo el bien realizado,
se repitió la situación de calvario al ser calumniada ella
y su obra en el Asilo de la Marina. Como
en otras ocasiones, sor Josefina aceptó en silencio cuanto acontecía,
y el testimonio de su vida llevó al funcionario que
la calumnió a retractarse y reconocer su error. La
caridad humilde que testimonió hizo que el funcionario difamador se
acercara a su lecho de muerte, y ella, sonriendo, lo
perdonó.

Murió en Cágliari, a causa de una bronco-pulmonía, el
31 de diciembre de 1924; el funeral se celebró el
día 1 de enero. Su muerte —dijo una hermana de
la comunidad— fue "la corona de una vida íntegra y
la prueba de una virtud practicada de modo heroico".

El
milagro por su intercesión presentado para la beatificación tuvo lugar
en Milán: un joven militar fue curado de un tumor
óseo.

La caridad ha glorificado a sor Josefina en un
camino de humildad que la llevaba a ocultarse ante los
aplausos del mundo y le abría las puertas a la
inhabitación de Cristo. La caridad era la norma de todos
sus pensamientos, de todas sus palabras, de todas sus acciones;
y así penetró el misterio de la caridad hacia los
pobres como acto de amor hacia el Señor, esa fue
su gloria.

Fue beatificada por S.S. Benedicto XVI el 3
de febrero de 2008.

Reproducido con autorización de Vatican.va

Te gusta
Coméntala
  • Secciones

| © 2010 Atriam Consulting, S.L.
  • CMS web Woureweb