Santoral · Biografía de santos 19 Mayo del 2012
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Lucio I, Santo

Lucio I, Santo

L

Lucio I, SantoXXII PapaMartirologio Romano: En Roma, en la vía Apia, en
el cementerio de Calisto, sepultura de san Lucio, papa, sucesor
de Cornelio, que sufrió el exilio por la fe de
Cristo y fue, en tiempos angustiosos, eximio confesor de la
fe, actuando con moderación y prudencia (254).

Etimológicamente: Lucio = nacido
con la primera luz, es de origen latino.

Fue Pontífice de
253-254; murió en Roma el 5 de marzo de 254.
Después de la muerte del Papa San Cornelio, quien murió
en el exilio en el verano del 253, Lucio fue
elegido para tomar su lugar, y fue consagrado Obispo de
Roma. Nada se sabe de la vida temprana de este
Papa antes de su elevación. De acuerdo con el libro
"Liber Pontificalis", era romano de nacimiento y su [[padre] se
llamaba Porfirio. No se sabe de dónde el autor obtuvo
esta información. Todavía continuaba la persecución de la Iglesia bajo
el Emperador Gallo durante la cual Cornelio había sido desterrado.
Lucio también fue enviado al exilio pronto después de su
consagración, pero en un corto tiempo, presuntamente cuando Valeriano fue
designado emperador, a él le fue permitido regresar a su
rebaño. El Catálogo Feliciano, cuya información se encuentra en el
"Liber Pontificalis", nos informa del exilio y del milagroso retorno
de Lucio: "Hic exul fuit et postea nutu Dei incolumis
ad ecclesiam reversus est." San Cipriano, quien escribió una carta
(perdida) de felicitaciones a Lucio en su elevación a la
Santa Sede y sobre su exilio, envió una segunda carta
de felicitaciones para él y sus acompañantes en el exilio,
como también a toda la Iglesia Romana (ep. LXI, ed.
Hartel, II, 695 sqq.).

La carta comienza: “Querido Hermano, hace
muy poco tiempo te ofrecimos nuestras felicitaciones, cuando Dios te
exaltó a gobernar Su Iglesia y te concedió la doble
gloria de confesor y obispo. De nuevo te felicitamos a
ti, a tus acompañantes y a toda la congregación; con
esto, debido a la bondadosa y poderosa protección de nuestro
Dios, Él te ha guiado de regreso con alabanzas y
gloria a Sí mismo, de manera que el rebaño pueda
recibir de nuevo a su pastor, el barco a su
piloto y la gente a un director que los gobierne
y les muestre abiertamente que fue el designio de Dios
que permitió tu destierro, no para que el obispo exiliado
fuera privado de su Iglesia, sino más bien para que
regresara a su Iglesia con mayor autoridad”.

Cipriano continúa, refiriéndose
a los tres niños hebreos en el horno ardiente, que
el regreso del exilio no aminoraba la gloria de la
confesión, y que la persecución, la cual iba dirigida sólo
contra los confesores de la Iglesia verdadera, comprobaba cuál era
la Iglesia de Cristo. En conclusión, él describe la felicidad
de la Roma cristiana ante la llegada de su pastor.
Cuando Cipriano afirma que Dios por medio de la persecución
buscó “hacer avergonzar y silenciar a los herejes” y así
probar dónde estaba la Iglesia, quién era su único obispo
elegido por el designio de Dios, quiénes eran sus presbíteros
sujetos al obispo en la gloria del sacerdocio, quiénes eran
la verdadera gente de Cristo, unidos a Su rebaño por
un amor excepcional, quiénes eran los oprimidos por sus enemigos,
y al mismo tiempo dónde estaban aquellos que el Diablo
protege como suyos, refiriéndose obviamente a los novacianos. El Cisma
de Novaciano, a través del cual se presentó como antipapa,
en oposición a Cornelio, todavía continuaba en Roma bajo Lucio.


En referencia a la confesión y a la restauración de
los “Lapsi" (caídos), Lucio se adhirió a los principios de
San Cornelio y de San Cipriano. De acuerdo con el
testimonio del último, contenido en una carta al Papa San
Esteban I (ep. LXVIII, 5, ed. Hartel, II, 748), Lucio,
así como Cornelio, había expuesto su opinión por escrito: "Illi
enim pleni spiritu Domini et in glorioso martyrio constituti dandam
esse lapsis pacem censuerunt et poenitentia acta fructum communicationis et
pacis negandum non esse litteris suis signaverunt." (Para ellos, llenos
del Espíritu Santo de Dios y confirmado en glorioso martirio,
juzgaron que el perdón debe ser otorgado a los Lapsi,
y dieron a entender en sus cartas que, que cuando
éstos hayan realizado la penitencia, no se les debe negar
el gozo de la comunión y de la reconciliación.) Lucio
murió a principios de marzo del año 254. En el
"Depositio episcoporum" el "Cronógrafo de 354" da la fecha de
su muerte como el 5 de marzo, el "Martyrologium Hieronymianum"
como el 4 de marzo. La primera fecha es probablemente
la correcta. Quizás Lucio murió el 4 de marzo y
fue enterrado el 5 de marzo. De acuerdo al "Liber
Pontificalis" este Papa fue decapitado en tiempos de Valeriano, pero
este testimonio no puede ser comprobado. Es verdad que Cipriano
en la antedicha carta a Esteban (ep. LXVIII, 5) le
da a él, como también Cornelio, el titulo honorario de
mártir: "servandus est enim antecessorum nostrorum beatorum martyrum Cornelii et
Lucii honor gloriosus" (pues debe ser preservada la memoria gloriosa
de nuestros predecesores los santos mártires Cornelio y Lucio); pero
probablemente esto fue un relato del corto destierro de Lucio.
Cornelio, quien murió en el exilio, fue honrado como mártir
por los romanos después de su muerte; pero no así
Lucio. En el calendario romano de fiestas del "Cronógrafo de
354" él es mencionado en el "Depositio episcoporum", y no
bajo el encabezado de "Depositio martyrum". Sin embargo, su memoria
fue particularmente honrada, como aclara la aparición de su nombre
en el "Martyrologium Hieronymianum". Es cierto que Eusebio sostiene (Hist.
Eccl., VII, 10) que Valeriano favorecía a los cristianos al
principio de su reinado. El primer edicto de persecución del
emperador apareció sólo en el año 257.

Lucio fue enterrado
en un compartimiento de la bóveda papal en las catacumbas
de San Calixto. En la excavación de la bóveda, De
Rossi encontró un fragmento grande del epitafio original, el cual
sólo da el nombre del Papa en griego: LOUKIS. La
losa está quebrada justo atrás de la palabra, así que
con toda probabilidad no había nada más escrito excepto el
titulo EPISKOPOS (obispo). Las reliquias del santo fueron trasladadas por
el Papa San Paulo I (757-767) a la Iglesia de
San Silvestre en Capita, o por el Papa San Pascual
I (817-824) a la Basílica de San Práxedes [Marucchi, "Basiliques
et eglises de Rome", Roma, 1902, 399 (inscripción en San
Silvestre), 325 (inscripción en San Práxedes)]. El autor del "Liber
Pontificalis" ha atribuido desautorizadamente a San Lucio un decreto, de
acuerdo con el cual dos sacerdotes y tres diáconos deben
acompañar siempre al obispo para ser testigos de su vida
virtuosa: "Hic praecepit, ut duo presbyteri et tres diaconi in
omni loco episcopum non desererent propter testimonium ecclesiasticum." Tal medida
debió ser necesaria bajo ciertas condiciones en un periodo posterior;
pero en época de Lucio esto era increíble. Este supuesto
decreto indujo una falsificación posterior para inventar otro decreto apócrifo
y se lo atribuyeron a Lucio. Es también fabricada la
historia en el "Liber Pontificalis" que Lucio, cuando era llevado
a la muerte, dio al archidiácono Esteban poder sobre la
Iglesia.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

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