María Restituta Kafka, Beata
Virgen y MártirMartirologio Romano: Cerca de Viena, en Austria, beata
María Restituta (Helena) Kafka, virgen, de la Congregación de las
Hermanas Franciscanas de la Caridad Cristiana y mártir, que, nacida
en Bohemia, trabajaba en un hospital, y durante la guerra
fue detenida por los enemigos de la fe y decapitada
(1943).
Etimológicamente: María = eminencia, excelsa. Es de origen hebreo.
Es de origen hebreo.
Etimológicamente: Restituta = Aquella que vive una
segunda juventud, es de origen latino.Nacida el 1 de mayo de 1894 en la República
Checa, ingreso a la Congregación de las Hermanas Franciscanas
de la Caridad Cristiana en 1914, se desempeño como enfermera
en hospitales públicos, y en 1942 fue tomada prisionera por
el régimen nacionalsocialista (Nasi), por difundir la fe católica, los
símbolos de la fe y el patriotismo.
De la homilía de
Juan Pablo II en la misa de beatificación (Viena, 21-VI-1998)
Sor
Restituta Kafka no había alcanzado aún la mayoría de edad
cuando expresó su intención de entrar al convento. Sus padres
se opusieron, pero la joven permaneció fiel a su objetivo
de ser religiosa «por amor a Dios y a los
hombres». Quería servir al Señor especialmente en los pobres y
los enfermos. Ingresó en la congregación de las religiosas Franciscanas
de la Caridad Cristiana para seguir su vocación en el
servicio diario del hospital, a menudo duro y monótono. Auténtica
enfermera, en Mödling se convirtió pronto en una institución. Su
competencia como enfermera, su eficacia y su cordialidad hicieron que
muchos la llamaran sor Resoluta y no sor Restituta.
Por su
valor y su entereza no quiso callar ni siquiera frente
al régimen nacionalsocialista. Desafiando las prohibiciones de la autoridad política,
sor Restituta colgó crucifijos en todas las habitaciones del hospital.
El miércoles de Ceniza de 1942 fue detenida por la
Gestapo. En la cárcel comenzó para ella un calvario, que
duró más de un año y que concluyó en el
patíbulo. Sus últimas palabras fueron: «He vivido por Cristo; quiero
morir por Cristo».
Contemplando a la beata sor Restituta, podemos vislumbrar
a qué cimas de madurez interior puede ser conducida una
persona por Dios. Puso en peligro su vida con su
testimonio del Crucifijo. Y conservó en su corazón el Crucifijo,
dando un nuevo testimonio de él poco antes de ser
llevada a la ejecución capital, cuando pidió al capellán de
la cárcel que le hiciera «el signo de la cruz
sobre la frente».
Muchas cosas nos pueden quitar a los cristianos.
Pero la cruz como signo de salvación no nos la
dejaremos arrebatar. No permitiremos que sea desterrada de la vida
pública. Escucharemos la voz de la conciencia, que dice: «Es
preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch
5,29).
Texto reproducido con autorización de Vatican.va




