Santoral · Biografía de santos 19 Mayo del 2012
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Mónica, Santa

Mónica, Santa

M

Mónica, SantaMadre de San Agustín
Agosto 27
Hoy celebramos
a Santa Mónica, que con su testimonio logró convertir a
su marido, a su suegra y a su hijo, San
Agustín, quién también, es un gran santo de la Iglesia.

Santa
Mónica fue una mujer con una gran fe y nos
entregó un testimonio de fidelidad y confianza en Dios, por
lo que alcanzó la santidad cumpliendo con su vocación de
esposa y madre.

Un poco de historia

Mónica, la madre de San
Agustín, nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100
km de la ciudad de Cartago en el año 332.

Formación

Sus
padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer
muy religiosa y estricta en disciplina. Ella no las dejaba
tomar bebidas entre horas (aunque aquellas tierras son de clima
muy caliente ) pues les decía : "Ahora cada vez
que tengan sed van a tomar bebidas para calmarla. Y
después que sean mayores y tengan las llaves de la
pieza donde esta el vino, tomarán licor y esto les
hará mucho daño." Mónica le obedeció los primeros años pero,
después ya mayor, empezó a ir a escondidas al depósito
y cada vez que tenía sed tomaba un vaso de
vino. Más sucedió que un día regañó fuertemente a un
obrero y éste por defenderse le gritó ¡Borracha ! Esto
le impresionó profundamente y nunca lo olvidó en toda su
vida, y se propuso no volver a tomar jamás bebidas
alcohólicas. Pocos meses después fue bautizada ( en ese tiempo
bautizaban a la gente ya entrada en años) y desde
su bautismo su conversión fue admirable.

Su esposo

Ella deseaba dedicarse a
la vida de oración y de soledad pero sus padres
dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio.
Este era un buen trabajador, pero de genio terrible, además
mujeriego, jugador y pagano, que no tenía gusto alguno por
lo espiritual. La hizo sufrir muchísimo y por treinta años
ella tuvo que aguantar sus estallidos de ira ya que
gritaba por el menor disgusto, pero éste jamás se atrevió
a levantar su mano contra ella. Tuvieron tres hijos :
dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su
alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir
por varias décadas.

La fórmula para evitar discusiones.
En aquella región del
norte de Africa donde las personas eran sumamente agresivas, las
demás esposas le preguntaban a Mónica porqué su esposo era
uno de los hombres de peor genio en toda la
ciudad, pero que nunca la golpeaba, y en cambio los
esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió
: "Es que, cuando mi esposo está de mal genio,
yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él
grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan
dos y yo no acepto entrar en pelea, pues....no peleamos".

Viuda,
y con un hijo rebelde

Patricio no era católico, y aunque
criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad
tan grande hacia los pobres, nunca se opuso a que
dedicará de su tiempo a estos buenos oficios.y Quizás, el
ejemplo de vida de su esposa logro su conversión. Mónica
rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin
alcanzó de Dios la gracia de que en el año
de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo
hiciera su suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado
en el hogar de su nuera le había amargado grandemente
la vida a la pobre Mónica. Un año después de
su bautizo, Patricio murió, dejando a la pobre viuda con
el problema de su hijo mayor.

El muchacho difícil

Patricio y Mónica
se habían dado cuenta de que Agustín era extraordinariamente inteligente,
y por eso decidieron enviarle a la capital del estado,
a Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero a
Patricio, en aquella época, solo le interesaba que Agustín sobresaliera
en los estudios, fuera reconocido y celebrado socialmente y sobresaliese
en los ejercicios físicos. Nada le importaba la vida espiritual
o la falta de ella de su hijo y Agustín,
ni corto ni perezoso, fue alejándose cada vez más de
la fe y cayendo en mayores y peores pecados y
errores.

Una madre con carácter

Cuando murió su padre, Agustín tenía 17
años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez
más preocupantes del comportamiento de su hijo. En una enfermedad,
ante el temor a la muerte, se hizo instruir acerca
de la religión y propuso hacerse católico, pero al ser
sanado de la enfermedad abandonó su propósito de hacerlo. Adoptó
las creencias y prácticas de una la secta Maniquea, que
afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino
el diablo. Y Mónica, que era bondadosa pero no cobarde,
ni débil de carácter, al volver su hijo de vacaciones
y escucharle argumentar alsedades contra la verdadera religión, lo echó
sin más de la casa y cerró las puertas, porque
bajo su techo no albergaba a enemigos de Dios.

La visión
esperanzadora

Sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en
el que se vio en un bosque llorando por la
pérdida espiritual de su hijo, Se le acercó un personaje
muy resplandeciente y le dijoÑ "tu hijo volverá contigo", y
enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narró a
su hijo el sueño y él le dijo lleno de
orgullo, que eso significaba que ello significaba que se iba
a volver maniquea, como él. A eso ella respondió: "En
el sueño no me dijeron, la madre irá a donde
el hijo, sino el hijo volverá a la madre". Su
respuesta tan hábil impresionó mucho a su hijo Agustín, quien
más tarde consideró la visión como una inspiración del cielo.
Esto sucedió en el año 437. Aún faltaban 9 años
para que Agustín se convirtiera.

La célebre respuesta de un Obispo

En
cierta ocasión Mónica contó a un Obispo que llevaba años
y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes
y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le
respondió: "Esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo
de tantas lágrimas". Esta admirable respuesta y lo que oyó
decir en el sueño, le daban consuelo y llenaban de
esperanza, a pesar de que Agustín no daba la más
mínima señal de arrepentimiento.

El hijo se fuga, y la madre
va trás de él

A los 29 años, Agustín decide irse
a Roma a dar clases. Ya era todo un maestro.
Mónica se decide a seguirle para intentar alejarlo de las
malas influencias pero Agustín al llegar al puerto de embarque,
su hijo por medio de un engaño se embarca sin
ella y se va a Roma sin ella. Pero Mónica,
no dejándose derrotar tan fácilmente toma otro barco y va
tras de él.

Un personaje influyente

En Milán; Mónica conoce al santo
más famoso de la época en Italia, el célebre San
Ambrosio, Arzobispo de la ciudad. En él encontró un verdadero
padre, lleno de bondad y sabiduría que le impartió sabios.
Además de Mónica, San Ambrosio también tuvo un gran impacto
sobre Agustín, a quien atrajo inicialmente por su gran conocimiento
y poderosa personalidad. Poco a poco comenzó a operarse un
cambio notable en Agustín, escuchaba con gran atención y respeto
a San Ambrosio, desarrolló por él un profundo cariño y
abrió finalmente su mente y corazón a las verdades de
la fe católica.

La conversión tan esperada

En el año 387, ocurrió
la conversión de Agustín, se hizo instruir en la religión
y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese
año se hizo bautizar.

Puede morir tranquila

Agustín, ya convertido, dispuso volver
con su madre y su hermano, a su tierra, en
África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar
el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que
anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de
su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando
ahí en una casa junto al mar, mientras madre e
hijo admiraban el cielo estrellado y platicaban sobre las alegrías
venideras cuando llegaran al cielo, Mónica exclamó entusiasmada: " ¿Y
a mí que más me amarra a la tierra? Ya
he obtenido de Dios mi gran deseo, el verte cristiano."
Poco después le invadió una fiebre, que en pocos días
se agravó y le ocasionaron la muerte. Murió a los
55 años de edad del año 387.

A lo largo de
los siglos, miles han encomendado a Santa Mónica a sus
familiares más queridos y han conseguido conversiones admirables.

En algunas pituras,
está vestida con traje de monja, ya que por costumbre
así se vestían en aquél tiempo las mujeres que se
dedicaban a la vida espiritual, despreciando adornos y vestimentas vanidosas.
También la vemos con un bastón de caminante, por sus
muchos viajes tras del hijo de sus lágrimas. Otros la
han pintado con un libro en la mano, para rememorar
el momento por ella tan deseado, la conversión definitiva
de su hijo, cuando por inspiración divina abrió y leyó
al azar una página de la Biblia.

Oración

Santa Mónica, te
pedimos en este día que nos ayudes a vivir nuestra
vocación cerca de Dios, confiando siempre en que la oración
constante y sencilla es un instrumento eficaz para transformar los
corazones de quienes nos rodean.
Amén.
Escucha el Podcast de Mauricio I.
Pérez Santa Mónica

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