Santoral · Biografía de santos 19 Mayo del 2012
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Nuestra Señora de la Altagracia

Nuestra Señora de la Altagracia

N

Nuestra Señora de la AltagraciaPatrona de República DominicanaTiene la República Dominicana dos advocaciones marianas:

Nuestra Señora de la Merced, proclamada en 1616,
durante la época de la colonia, y la Virgen de
la Altagracia (imagen de la izquierda), Protectora y Reina del
corazón de los dominicanos. Su nombre: "de la Altagracia" nos
recuerda que por ella recibimos la mayor gracia que es
tener a Jesucristo Nuestro Señor. Ella, como Madre, continua su
misión de mediadora unida inseparablemente a su Hijo. Los
hijos de Quisqueya la llaman cariñosamente "Tatica, la de Higüey".

Existen
documentos históricos que prueban que en el año de 1502,
en la Isla de Santo Domingo, ya se daba culto
a la Virgen Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora
de la Altagracia, cuyo cuadro pintado al óleo fue
traído de España por los hermanos Alfonso y Antonio Trejo,
que eran del grupo de los primeros pobladores europeos de
la isla. Al mudarse estos hermanos a la ciudad
de Higüey llevaron consigo esta imagen y más tarde la
ofrecieron a la parroquia para que todos pudieran venerarla.
En el 1572 se terminó el primer santuario altagraciano y
en el 1971 se consagró la actual basílica.

La piedad del
pueblo cuenta que la devota hija de un rico mercader
pidió a este que le trajese de Santo Domingo un
cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia. El padre
trató inútilmente de conseguirlo por todas partes; ni clérigos ni
negociantes, nadie había oído hablar de esa advocación mariana. Ya
de vuelta a Higüey, el comerciante decidió pasar la noche
en una casa amiga. En la sobremesa, apenado por
la frustración que seguramente sentiría su hija cuando le viera
llegar con las manos vacías, compartió su tristeza con los
presentes relatándoles su infructuosa búsqueda.

Mientras hablaba, un
hombre de edad avanzada y largas barbas, que también iba
de paso, sacó de su alforja un pequeño lienzo enrollado
y se lo entregó al mercader diciéndole: "Esto es lo
que usted busca". Era la Virgen de la Altagracia.
Al amanecer el anciano había desaparecido envuelto en el
misterio. El cuadro de Ntra. Sra. de la Altagracia tiene
33 centímetros de ancho por 45 de alto y según
la opinión de los expertos es una obra primitiva de
la escuela española pintada a finales del siglo XV o
muy al principio del XVI. El lienzo, que muestra
una escena de la Natividad, fue exitosamente restaurado en España
en 1978, pudiéndose apreciar ahora toda su belleza y su
colorido original, pues el tiempo, con sus inclemencias, el humo
de las velas y el roce de las manos de
los devotos, habían alterado notablemente la superficie del cuadro hasta
hacerlo casi irreconocible.

Sobre una delgada tela aparece pintada la escena
del nacimiento de Jesús; la Virgen, hermosa y serena ocupa
el centro del cuadro y su mirada llena de dulzura
se dirige al niño casi desnudo que descansa sobre las
pajas del pesebre. La cubre un manto azul salpicado
de estrellas y un blanco escapulario cierra por delante sus
vestidos.

María de la Altagracia lleva los colores de
la bandera Dominicana anticipando así la identidad nacional. Su
cabeza, enmarcada por un resplandor y por doce estrellas, sostiene
una corona dorada colocada delicadamente, añadida a la pintura original.
Un poco retirado hacia atrás, San José observa
humildemente, mirando por encima del hombro derecho de su esposa;
y al otro lado la estrella de Belén brilla tímida
y discretamente.

El marco que sostiene el cuadro es posiblemente la
expresión más refinada de la orfebrería dominicana. Un desconocido
artista del siglo XVIII construyó esta maravilla de oro, piedras
preciosas y esmaltes, probablemente empleando para ello algunas de las
joyas que los devotos han ofrecido a la Virgen como
testimonio de gratitud.

La imagen de Nuestra Señora de la Altagracia
tuvo el privilegio especial de haber sido coronada dos veces;
el 15 de agosto de 1922, en el pontificado de
Pío XI y por el Papa Juan Pablo II, quien
durante su visita a la isla de Santo Domingo el
25 de enero de 1979, coronó personalmente a la imagen
con una diadema de plata sobredorada, regalo personal suyo a
la Virgen, primera evangelizadora de las Américas. Juan Pablo II
también visitó a la Virgen en su basílica en Higüey

Ver
también Altagracia, Nuestra Señora de

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