Pedro Fourier, Santo
A San Pedro Fourier se le ocurrieron en el año
1600 las ideas educadoras que más tarde iban a propagar
por todo el mundo San Juan de la Salle (en
1700) y San Juan de Bosco (en 1850). Fue un
precursor de la educación gratuita y popular.
Nació en Lorena
(Francia) en 1565.
Habiendo terminado brillantemente sus estudios en la Universidad,
fundó una escuela gratuita en su ciudad, caso bien raro
en ese entonces. Luego ingresó en la comunidad de canónigos
regulares de San Agustín y allá fue ordenado sacerdote.
Como se
sentía indigno de celebrar la Santa Misa, duró tres meses
sin hacer la celebración de su primera misa, desde su
ordenación, preparándose para ello (algo parecido hizo San Ignacio de
Loyola).
Le pusieron a escoger entre tres parroquias, para que dijera
de cuál quería ser párroco. Él escogió la más abandonada,
la que más problemas tenía, y la que más estaba
necesitando de un trabajo fuerte y constante. Era un pueblecito
de los Vosgos que estaba lleno de protestantes calvinistas y
donde la moralidad estaba por el suelo. Allí trabajó San
Pedro Fourier por treinta años (un caso parecido a los
que sucederá siglos después en Ars, cuando llegó allá san
Juan Vianey). Aún hoy, todavía allá, cuando hablan de nuestro
santo lo llaman "el buen padre Pedro".
Lo primero que hizo
para lograr convertir aquellas gentes fue dedicarse a orar, y
a sacrificarse por ellas. Recordaba lo que decía Jesús: "ciertos
malos espíritus no se alejan sino con la oración y
los sacrificios". Aún en el más crudo invierno no encendía
fuego para calentarse, y la estufa que iba a calentar
el ambiente no se encendía sino cuando llegaban visitantes muy
friolentos.
Las otras dos armas con las cuales se propuso ganar
las almas de aquellos pecadores fueron la limosna y el
buen ejemplo. Quería cumplir aquel mandato del Señor que dice:
"De tal manera luzca ante los demás la luz de
vuestro buen ejemplo, que los demás al ver vuestras buenas
obras, glorifiquen al Padre Celestial". Y en cuanto a las
limosnas los necesitados encontraban siempre dispuesto al Padre Pedro a
darles alguna ayuda, pero acompañada de buenos consejos que les
sirvieran también para la salvación de su alma.
En su parroquia
existían numerosas personas que habían tenido bienes de fortuna pero
por un mal negocio o un incendio o una enfermedad
o un robo, etc., habían quedado en gran pobreza. Para
ellos fundó nuestro santo una caja de Mutua Ayuda, en
la cual depositaba las contribuciones que las gentes le hacían,
y de allí iba sacando para prestar a quienes habían
quedado en la ruina. Lo único que les exigía era
que si un día lograban volver a tener otra vez
los bienes suficientes, devolvieran lo que se les había prestado.
Así muchas familias que no se atrevían mendigar, fueron socorridas
a tiempo sin ser humilladas. La Caja progresó notablemente.
San Pedro
Fourier estaba convencido de que para poder hacer apostolado sin
desanimarse ni desorientarse es necesario asociarse con algún grupo apostólico
donde a uno lo animen, lo corrijan, lo guíen y
lo acompañen. Por eso fundó en su parroquia tres asociaciones
apostólicas: la de San Sebastián, para hombres, la del Rosario
para señoras y la de la Inmaculada para señoritas. Les
hacía reunión semanal para cada grupo por separado y allí
organizaba los trabajos de apostolado y se animaban para seguir
adelante.
A San Pedro Fourier se le ocurrió en aquellos años
algo que cien años después le iba a dar gran
éxito a San Juan Bautista de la Salle, pero que
en aquel 1600 todavía no encontraba ambiente favorable: fundar las
escuelas gratuitas para el pueblo. Trató de hacerlo en su
parroquia pero se encontró con que los sacerdotes no aceptaban
dar clases en primaria y a los padres de familia
si eran pobres, no les interesaba que sus hijos estudiaran,
y los maestros que encontraba no tenían vocación para ello.
Total: fracasó totalmente en su intento. El mismo lo reconoció
humildemente. El terreno todavía no estaba abonado para tan grande
cosecha. Solamente cuando La Salle un siglo después se dedique
a preparar maestros totalmente entusiasmados por la educación, logrará llenar
la nación de casas de educación.
Habiendo fracasado en cuanto a
escuelas para los niños, nuestro santo se propuso hacer una
fundación para las niñas. Pero amaestrado por la amarga experiencia
anterior, se propuso preparar antes muy bien a las profesoras.
Reunió cuatro muchachas (dirigidas por la beata Alicia, que fue
la cofundadora de su comunidad) y empezó a darles a
cada día una hora de clase de pedagogía y de
técnicas para enseñar a la juventud. Luego las fue enviando
a dar clases a grupos de jovencitas, y pronto ya
pudo fundar con ellas la Comunidad de Hermanas de San
Agustín, que fue aprobada en 1616 por el Sumo Pontífice.
Los expertos en Roma decían que el Padre Pedro había
obtenido en seis meses una aprobación que otras comunidades sólo
habían conseguido en treinta años. Pero es que se hizo
apoyar por unos padres jesuitas muy importantes y por varios
padres franceses muy estimados en el Vaticano, y además su
congregación había dado muestras del gran bien que se consigue
educando a la juventud.
El Padre Pedro puso en práctica varios
métodos educativos que después otros famosos educadores católicos popularizarán por
todas partes. Lo primero: hacer que la educación fuera práctica.
Que no se redujera sólo a aprender cuestiones teóricas, sino
que enseñara a la juventud muchas cosas que en la
vida práctica de cada día iban a ser necesarias. Y
así le dio gran importancia a la contabilidad, tanto que
sus colegios eran verdaderamente unos secretariados comerciales, donde las jóvenes
se familiarizaban con todo lo que les iba a servir
para ser después unas eficientes secretarias y unas hábiles contadoras.
También se les enseñaban artes prácticas como bordado, pastelería, dibujo
artístico, etc.
Otro de sus métodos nuevos, fue el de enseñar
por medio de la declamación. Como lo hará más tarde
San Juan Bosco, a San Pedro Fourier se le ocurrió
preparar dramas, sainetes, comedias, diálogos y recitales, donde mientras se
hacía reír y se emocionaba a los oyentes, se iban
enseñando verdades de la religión y de otras ciencias. Los
domingos por la tarde daban sus alumnas representaciones muy amenas
e instructivas para el pueblo, con notable asistencia. Era un
modo de valerse del teatro para enseñar y hacer progresar.
Y el mismo tener que declamar en público les daba
a las jóvenes mayor facilidad para expresarse en reuniones de
sociedad, y obtenían más habilidad para ser buenas maestras.
Su parroquia
estaba infestada de calvinistas y evangélicos, lo cual era un
serio peligro para los católicos. Lo primero que se propuso
nuestro santo fue instruir a sus feligreses acerca de los
10 errores o herejías que enseñan los protestantes, para que
no se dejaran engañar por ellos. Luego fue insistiendo en
que el católico por pertenecer a la mejor religión del
mundo debe tener un comportamiento mejor que el de los
demás. Y a los protestantes les recordaba cuán bueno y
provechoso es pertenecer a la Santa Iglesia Católica. Y los
feligreses de su parroquia comentaban: "el Padre Pedro ha logrado
más en cuanto a los protestantes en varios meses, que
lo que habían logrado los otros sacerdotes en 30 años".
En
1622 nuestro santo fue nombrado superior de su comunidad de
Canónigos de San Agustín, y al posesionarse de su alto
cargo dijo: "Así como Jesucristo se entrega a nosotros en
la Sagrada Comunión, sin esperar pago alguno, y buscando solamente
el bien de los que la reciben, así me dedicaré
desde este día a todos los que pertenecen a nuestra
comunidad, no para obtener algún honor, o ventaja alguna, sino
pensando solamente en la salvación de las almas". Programa verdaderamente
digno de ser imitado, por todos los superiores en todas
partes.
En su nuevo cargo se dedicó con todas sus fuerzas
a mejorar el comportamiento de los socios de su comunidad,
la cual había caído en bastante descuido en cuanto al
cumplimiento de los reglamentos. Al principio encontró bastante resistencia, pero
poco a poco fue logrando que los canónigos de San
Agustín empezaran a ser verdaderamente fervorosos.
En 1636 el gobierno de
Francia quiso exigirle que hiciera un juramento que iba contra
su conciencia. En vez de jurar prefirió salir desterrado. Los
últimos cuatro años de su vida los pasó en el
destierro, enseñando en una escuela gratuita que él mismo había
fundado allá.
Dios lo llamó a Sí el 9 de diciembre
de 1640. El Sumo Pontífice lo declaró santo en 1897.
El santuario donde están sus restos es visitado por numerosas
peregrinaciones y su comunidad logró extenderse por varios países.




